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La Comunidad China en Panamá

Los chinos están enlazados a la vida nacional desde el 30 de marzo de 1854, cuando llegan al Istmo.
Esto lo registra el Panama Herald del 1 de abril de 1854, con la llegada del bergantín Sea Witch con
705 trabajadores chinos para la Panama Railroad Company.

Estos pioneros chinos, llegaron contratados para trabajar en la construcción del ferrocarril, la que sería el Primer Ferrocarril Transcontinental y Transístmico en el mundo. Luego de su llegada, fueron trasladados a un campamento o asentamiento lejos de la civilización, en medio de los bosques tropicales húmedos, una jungla con animales salvajes y llenos de mosquitos. Con exactitud este poblado, estuvo en un punto equidistante entre los poblados de Gorgona y Gamboa, quedando del lado Oeste del Canal de Panamá, hoy bajo las aguas del Lago Gatún, y que con el tiempo los criollos llamaron Matachín.

Era de conocimiento general, que estos trabajadores importados estaban sobrellevados por la melancolía, lo difícil del clima, las enfermedades, el idioma, y la alimentación; pero principalmente por la falta del suministro de opio que se les daba en pago, que llevo a cientos a suicidarse. A la población local le era difícil aceptar la innumerable cantidad de muertes que ocurrieron en ese lugar, que con el tiempo bautizaron con el nombre de Matachín o "Mata Chinos". Al pasar el tiempo, el nombre se transformó en un punto o estación en la línea del ferrocarril, entre Panamá y Colón, cercano a Frijoles.

El escándalo que produjo este hecho hizo que la empresa contratante decidiera trasladar a los supervivientes, y canjearlos por trabajadores negros de Jamaica. Panamá sirvió entonces de tránsito para los inmigrantes chinos que siguieron llegando, para seguir a Cuba, Perú y otros destinos cercanos. Mientras que el resto de los sobrevivientes se establecieron en las casas de comercios de las ciudades terminales. Empezando una nueva vida, con matrimonios con las locales, o trayendo a sus familias y seres queridos de China.

Ya para 1889, existió una significativa presencia de chinos en Panamá, que se dedicaron a diversas actividades de servicio, como eran abarroterías, lavanderías, u hortalizas, que sirvieron indirectamente a la población trabajadora del Canal Francés. Los negocios de sedaría e importación de artículos de Asia eran pocos, pero importantes. Los negocios pequeños eran numerosos, y eran la mayoría, dedicándose al comercio al por menor de comestibles. A la inexistencia de bancos o entidades financieras, estos comerciantes sirvieron de casas fiduciarias, donde recibían dineros de sus clientes, como adelanto de sus compras.

Para fines del siglo XIX, la población en Panamá alcanzaba la suma de 316,054. En la ciudad de Panamá había 24,159 habitantes, y en Colón, 15,000; de los cuales 3,000 eran chinos, y se concentraban en las ciudades terminales.

La mala situación económica y la continua llegada de inmigrantes chinos, ya sean de paso o para quedarse, y la dificultad de esconder sus rasgos orientales físicos, motivo que se creara un movimiento discriminatorio, que llego a formalizarse, el 5 de agosto de 1890, con el nombre de Sociedad Anti-China, y su vicepresidente era J. Francisco de la Ossa.

El 4 de noviembre de 1904, el diario La Estrella de Panamá, con motivo del primer aniversario de la separación de Panamá de Colombia, destaca la participación entusiasta de la comunidad china en estas celebraciones con dos carros alegóricos, a pesar de que a principios de 1904, el 11 de marzo, se promulgó la Ley 6, que prohibía la inmigración de chinos, sirios, turcos y norte africanos de origen turco. El decreto 35 del 15 de abril de 1904 reglamenta dicha Ley, y la Resolución No. 9, de la misma fecha, extendió prohibir la inmigración de chinos, sirios y turcos naturalizados en países extraños al de su origen.

Las medidas discriminatorias se imponían debido al éxito de los chinos en sus negocios, hostilidad que se encontraba en las autoridades y los empresarios criollos, que eventualmente se incrementaron y se manifestaron en 1941, con el movimiento nacionalista de Arnulfo Arias, el panameñismo. El Dr. Ricardo J. Alfaro, el Dr. José Dolores Moscote y otros notables, criticaron los lineamientos de Arias y sus partidarios, cuyos principios se asemejaban a las prácticas fascistas de la Alemania Nazi, donde se persiguió a los descendientes judíos.

La situación de crisis cambiaba con el inicio de la segunda guerra mundial que trajo una situación de prosperidad, una vez más. China, luchaba junto a las fuerzas aliadas en contra de los países del eje, y era una de las cinco potencias de la época.

Protegiendo sus intereses como aliado, el gobierno americano le brindaba empleo y refugio, a los ciudadanos chinos, en la Zona del Canal; basado en sus experiencias anteriores con esta fuerza laboral. Otros regresaban al cultivo de la tierra, como lo hicieron en la primera guerra mundial, trabajando en las granjas-hortalizas. Algunos incursionaron en la incipiente industria de confección de ropas, con nombres llamativos como La Victoria, El Éxito y Sastrería Tam. Simples talleres que empleaban mano de obra local, donde sus productos eran llevados al interior del país, en camiones de reparto.

En 1949, Arnulfo Arias, luego de un recuento de votos, y una confusa situación jurídica constitucional, asume la presidencia por segunda vez, con recelo los chinos toman una actitud defensiva, la tarea de integración se había iniciado y las situaciones políticas del mundo eran otras. La comunidad china se adapta rápidamente a los cambios que se suscitan en el mundo, haciendo énfasis en la educación de sus hijos, y empiezan a dedicarse no solo al comercio, sino a profesiones liberales. Abriéndose más a la influencia de la sociedad, aumentando su asimilación a través de matrimonios mixtos y la participación activa en los quehaceres sociales y políticos de la nación.

La comunidad china diversificaba su participación económica en la vida nacional, pasaban de la imagen de "tiendita de abarrotes" a ocupaciones profesionales como arquitectos, ingenieros, médicos, abogados. Crecía y expandía sus conexiones familiares cuando sus descendientes se casaban entre ellos y en matrimonios interraciales. El censo de 1950 dice que 1,759 chinos llegaron a Panamá, de los cuales 1,625 eran hombres; de ese total, 1,065 se establecieron en la ciudad de Panamá.

Y según el censo de 1980, 1,890 chinos provenientes de la República Popular China o China Continental habían ingresado al país, y 28 de la República de China en Taiwan. Empieza otra etapa migratoria a gran escala; esta vez no eran esclavistas, ni trabajadores, sino mercaderes de documentos y la necesidad económica para los fugitivos del régimen comunista en China continental y refugiados políticos de la masacre estudiantil en la Plaza de Tian'an Men de Beijing.

A pesar de las muchas dificultades económicas, políticas y sociales, y las barreras culturales, los descendientes panameños de esos primeros chinos han logrado integrarse plenamente al desarrollo científico, cultural, económico, político y social de Panamá, ocupando posiciones destacadas en todos los campos de la vida nacional.

El proceso de asimilización cultural ha sido tal que los chinos han logrado latinizarse en sus gustos y sus costumbres; los hábitos y las costumbres de los panameños fueron influenciados por los primeros chinos. La mayoría piensa en la salsa de soya o los palillos para comer, pero en Panamá resultaron ser la comida y la forma de conducir los negocios. En el intercambio han ganado una amplia gama de conocimientos y sabores como la salsa de frijolitos negros, el anís cinco estrellas y el pato asado.

En los censos actuales ya no se cataloga al individuo por el color de su raza y es por eso que no se tienen datos de cuantos ciudadanos son de origen chino. Pero se estima que actualmente que el 6% de la población total de Panamá, son chinos y posiblemente un 35% pueden encontrar en sus árboles familiares sus orígenes chinos. En el primer grupo son aquellos que se consideran netamente chinos, mientras que el segundo grupo se incluye aquellos no tienen rasgos orientales, pero tienen algún apellido chino en su ascendencia, a los que tienen el apellido pero no hablan el idioma y no practican costumbres chinas.

La huella social que han dejado los inmigrantes chinos ha sido su descendencia, formando grupos numerosos en distintos lugares del país, de las cuales han heredado sus tradiciones y conservado mucho de sus costumbres, y rasgos culturales característicos en sus barrios chinos, un ambiente exótico para muchos panameños, donde vive y late su alma.

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