Las Fortificaciones de Portobelo

LAS FORTIFICACIONES DE PORTOBELO

Los fuertes panameños son prototipos de la arquitectura militar de los siglos XVII y XVIII estos fuertes de la costa caribeña de Panamá formaban parte del sistema defensivo creado por la Corona de España para proteger el comercio transatlántico.  

 

En 1519 se fundaron en el istmo de Panamá dos puertos situados estratégicamente, pues eran puntos de importancia para el desarrollo de la comunicación transístmica entre dos mares: Nombre de Dios, en la costa del Caribe, y Panamá, en la del Pacífico.

Hacia 1560, ingleses, franceses y holandeses comenzaron a incursionar en la región del Caribe, en busca de territorios para sus respectivas monarquías.  Ante la necesidad de estructurar un ordenamiento territorial defensivo de este inmenso espacio físico y marítimo, Felipe II convocará a los ingenieros militares italianos que están bajo su mando para que atiendan los más urgentes temas de la defensa en América.

Bahía Portobelo

El ingeniero italiano Bautista Antonelli, representante de la escuela renacentista italiana, es nombrado por el Rey de España para hacerse cargo de la construcción de un sistema de fortificaciones en la región del Caribe, e hizo en 1586 una primera revisión del espacio ístmico, donde reconoció tres puntos claves que debían ser protegidos: un puerto en el Atlántico; la desembocadura del río Chagre (donde se construiría el castillo de San Lorenzo) y, en el Pacífico, el puerto de Panamá.

El traslado en 1597 de la antigua ciudad de Nombre de Dios (fundada en 1517) por las calidad malsana de su emplazamiento y las limitaciones de su fondeadero definió la localización y fundación de Portobelo que llegó a ser el asiento marítimo comercial más importante del Istmo en el lado Atlántico durante el siglo XVII y parte del XVIII.   La calidad de su amplia bahía, capaz de albergar una flota de hasta cien galeones, se complementaba con potencialidades defensivas que llevarían a erigir los castillos fortificados de San Felipe, San Fernando, Santiago de la Gloria y San Jerónimo, junto a una cantidad de fortines y baterías que controlaban a distintas alturas el acceso y circulación naval de la bahía.

Como el papel de Portobelo era clave en el circuito de articulación entre el Pacífico y la Flota del Caribe, fue uno de los blancos predilectos de las potencias marítimas que llevaron sobre esta localidad ataques devastadores. Si el paraje sobrevivió a Hawkins y Drake, que murieron en 1595 víctimas de las enfermedades, cuando pretendían tomar Panamá desembarcando desde el istmo, la ya fundada Portobelo fue destruida por Morgan en 1668 y por el almirante Vernon en 1740, que asolaron sucesivamente los puntos fortificados y obligaron a su reconstrucción por parte del ingeniero Ignacio de Sala, traductor de Vauban y, a la sazón, gobernador de Cartagena de Indias. Incluso a fines del siglo XVII se planteó la idea de un traslado de la ciudad a un nuevo emplazamiento amurallado, pero se optó finalmente por reconstruir las fortificaciones.

Las fortificaciones de Portobelo constituyen –según Alfredo Castillero Calvo- el complejo fortificado panameño de mayor importancia, en cuya historia se identifican dos períodos. El primero, de siglo y medio (XVI y XVII), se refiere a las obras iniciadas bajo la dirección de Antonelli, que fueron continuadas por su sobrino, Cristóbal de Roda. Conservaron estas construcciones formas medievales características (la torre del homenaje, los torreones, el ajuste a la disposición del paisaje, según muestra la cartografía de la época). Sin embargo, despuntan elementos -como el trazado regular- que delatan una tendencia hacia la modernidad, acentuada a partir de la intervención de Rodas y otros ingenieros.

El sistema de Fortificaciones de Portobelo está integrado por el Fuerte de Santiago (1597-1601); el Castillo de San Felipe, o de Sotomayor, o de “Todofierro”, o de Austria (1597-1739); el Castillo de Santiago de la Gloria (1600-1739);  el recinto amurallado de San Carlos (1681-1686); el Castillo de San Fernando; el reducto de San Jerónimo (1659-1669); el Fuerte Farnesio (1726-1760); el plan de defensa de Ignacio Sala (1753-1970) y el Fuerte de San Jerónimo (1758).

El Castillo de San Felipe

También llamado de Sotomayor, de “Todofierro” y de Austria, fue tal vez el proyecto más acertado de Antonelli, que lo concibió para custodiar la boca norte de la bahía, frente al Islote de Drake. La primera piedra se colocó en 1597, en ceremonia solemne, y la construcción comenzó en 1600. Las murallas del castillo estaban rodeadas de fosos, y contaba con plataformas y plazas escalonadas, un aljibe y habitaciones para los centinelas. Los materiales empleados fueron piedras duras y grandes trozos de coral fosilizado encontrados bajo el agua. Fue el primero que se erigió en la ciudad. El mote de «todo fierro» tenía que ver con la potencia de su artillería, que en 1740, ante los ataques de Vernon, respondió con tres niveles de bocas de fuego.

Destrucción de Portobelo

No obstante, San Felipe fue considerado insuficiente.

En el año de 1620 se realizaron urgentes remodelaciones que fueron solicitadas por Cristóbal de Roda. En 1626 se hicieron recomendaciones que se ejecutaron diez años después. Pocos años antes del ataque de Vernon, el castillo fue modernizado.

Durante la construcción del Canal de Panamá, se utilizaron sus piedras para  formar el rompeolas de Colón y la esclusa de Gatún. Sobre los cimientos de San Felipe se construyeron las instalaciones de New Portobelo. Finalmente, los restos quedaron bajo el mar a consecuencia de un derrumbe.

Castillo de Santiago de la Gloria

Torre de la Bateria de Santiago

Comenzó a construirse en 1600, pero impulsado en 1620 por el ingeniero Cristóbal de Roda, sobrino de los Antonelli, se continuaba rediseñando en 1639. Era el que tenía la artillería de mayor calidad, superando inclusive al de San Felipe. Su ventaja estaba también en el emplazamiento, ya que el calado de los buques grandes obligaba a pasar frente a él

     Batería Santiago de la Gloria

Contaba con una fortificación exterior compuesta de dos torreones circulares: el San Francisco y el San Antonio. Tres torres (San Pedro, San Juan y la Torre del Homenaje, que dominaba el complejo desde la altura). Entre 1601 y 1668 los piratas no se atrevieron a atacar el Castillo de Santiago, por creerlo inexpugnable. Sin embargo, en el propio año 1668 (tres años antes de la toma de Panamá), Henry Morgan invadió la retaguardia del castillo y la tomó sin inconvenientes.

El sistema de defensas tuvo que replantearse tras los ataques de Henry Morgan: a Portobelo en 1668, a San Lorenzo en 1670 y a Panamá en 1671.

Fuerte Santiago de la Gloria

El reducto de San Jerónimo

Fuerte San Gerónimo

Es otra de las fortalezas iniciadas en 1656. El Reducto de San Jerónimo es la única fortaleza que cuenta con tres almacenes de pólvora. Su puerta principal se encuentra en buen estado. En 1758. Ignacio Sala ideó para este,  tres  casas fuertes, de las cuales se construyeron dos; ambas con foso seco, garita, aljibe, un alto de madera y puerta de acceso con puente levadizo.

Estas obras se conservan relativamente en buen estado.

El Fuerte Farnesio está ubicado en la boca Oeste de la bahía. Su construcción, recomendada desde 1606, reiterada en 1623 y reconsiderada en 1680, no se acometió hasta 1726. En 1738, la primitiva obra, hecha de tierra y fajina, prestaba servicio como reserva. Según parece, en 1760 se usó este fuerte por última vez. De él se mantienen en pie cuatro plataformas rústicas.

Fuerte San Gerónimo

El castillo de San Fernando

Fuerte de San Fernando, Bateria baja y Bahia de Portobelo 

Realizado sobre diseño de Ignacio de Sala en 1753 y ubicado al norte del poblado, en el saliente oriental de la bahía, está sobre una colina y requiere cruzar en barco para llegar al mismo. Desde el mar se accede por una rampa a una notable portada que permite el acceso a un patio de mediano tamaño rodeado de casamatas y adarves junto a la muralla. Más arriba de éste se encontraba el recinto de San Fernandito,  que servía de atalaya y, por tanto, su muralla era de poca altura.

Fuerte San Fernando

La última de las obras de fortificación de Portobelo fue la de San Cristóbal de Camangua, un reducto más pequeño que hoy se halla rodeado de manglares, cuyas funciones militares se complementaban con las de almacenamiento de las riquezas que venían desde el mar del Sur como extensión de los bienes conservados en la Aduana de Portobelo. En este lugar se había planteado hacer una ciudad amurallada en el siglo XVII siguiendo una forma abaluartada hexagonal.

En 1779, Agustín Crame proponía racionalizar el sistema de fortificaciones sobre la base de los castillos de San Jerónimo,  Santiago y San Fernando, manteniendo casas fuertes sobre estos últimos para impedir su dominio desde puntos elevados.

Fuerte San Fernando

Las condiciones malsanas del clima solían generar mortalidades altas y la navegación a través del cabo de Hornos a partir de 1740 generó la alteración del circuito del istmo y, por ende, la decadencia de las ferias, agravado todo ello por la caída de Portobelo en manos del inglés Vernon. También la dependencia del virreinato de Nueva Granada, con sede en Bogotá desde 1739, restó fuerza a la comunicación de la zona con el Perú. Los viejos castillos fueron demolidos, y en su lugar fueron levantados otros más modernos. La fortificación portobeleña cambió de fisonomía, y lo que hoy se ofrece a la vista de los visitantes forma parte de esta etapa. Durante la construcción del Canal transístmico, la plaza de armas de San Fernando fue empleada como cementerio. Se han encontrado cruces de hierro que marcaban las tumbas de trabajadores de origen griego.

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